Mamá, profe, ¿no ves que es serio? ¡Estamos jugando!

El año pasado asistí a dos charlas sobre la importancia del juego en el desarrollo de los seres humanos. La primera fue en el Espai familiar de Sant Martí y estaba dirigida a padres de niños entre 0 y 3 años. La impartió una de las educadoras sociales del centro, Ethel Ubiergo, y estuvo muy focalizada en aspectos prácticos del juego: qué competencias adquieren en cada momento del desarrollo y qué juegos o juguetes son los más adecuados. La segunda fue impartida por la psicóloga Núria Guzman en el marco de las DAU Barcelona llevaba como titulo “Neurociència. El joc de taula, recurs a l’aula” (Neurociencia. El juego de mesa, recurso en el aula).

Con permiso de ambas profesionales iré entremezclando cosas de las dos charlas. Si hay fallos u omisiones, son enteramente responsabilidad mía.

El cerebro humano y el juego.

Los juegos pueden ayudar a desarrollar la densidad de conexiones neuronales que hacen funcionar correctamente nuestro cerebro. En otra entrada hablaré de lo que dijo Guzman y de lo que he investigado yo del desarollo del cerebro, pero la premisa está clara: no podemos adelantarnos a su desarrollo. Es por eso que hay juegos más apropiados que otros según la edad.

Y sobretodo no perder nunca de vista: Es el Juego lo valioso, el fin el sí mismo. Nunca hay que pretender nada con él. Puedes saber que con cierta actividad se potencia tal habilidad, pero no presentarla como fin último, ya que entonces deja de ser divertido. Y esa es la clave de los juegos. La diversión. El aprendizaje es un beneficio añadido – e inevitable.

La diversión y los aprendizajes significativos.

Y es que no hay que ser neurocientífico para saber que aquellos aprendizajes que asociamos a una emoción se nos quedan mejor.

Ojo, que la emoción puede ser negativa: a mucha gente le pasa que asocia las matemáticas con la fustración o el miedo. Así que no aprenden nada de matemáticas como ciencia, pero sí que aprenden a odiarlas con toda su alma y a cerrarse en banda el resto de su vida.

Sin embargo, cuando algo nos interesa, el cerebro también reacciona, pero para bien. Segrega dopamina y serotonina y nos causa placer tal aprendizaje, lo que nos estimula a aprender más. Guzmán apuntó que se ha comprobado que una sesión de juego rápido, de unos 10-15 minutos antes de una clase aumenta la motivación de los alumnos.

Nuestro cerebro está programado para reaccionar positivamente frente todo aquello que nos supone un reto, una novedad, que nos es interesante por algún motivo (aprendizaje significativo) o nos proporciona una respuesta inmediata. Y esto bien puede ser el resumen de las dinámicas de los juegos más exitosos.

Juegos de mesa vs juegos virtuales

Guzman hizo referencia al trabajo de Jones que contradice frontalmente las afirmaciones de Kawashima, el neurocientífico responsable de los Brain Training de la Nintendo DS. Jones asegura que los videojuegos son buenos para “enganchar” el cerebro, con sus recompensas inmediatas y su entorno gráfico atractivo, pero que sin embargo no ofrece retos reales, por muy estresantes que sean las pantallas a superar. Jones asegura que el cerebro los reduce a procesos automáticos en los que trabaja realmente poco.

A esto hay que añadir que la interacción física entre seres humanos enriquece mucho más, aunque sea jugando al modesto parchís, que cualquier sofisticado sistema de entrenamiento cerebral llevado a cabo en la más absoluta soledad.

Juegos para bebés (0 a 2 1/2 – 3 años)

DSC_8663Ubiergo explicó que en el primer año de vida no necesitan juegos en sí mismos, sino un entorno agradable y rico en experiencias sensoriales de todo tipo.(1) No entienden de reglas, ni de retos. Un cesto de tesoros, juego heurístico, presentarles telas de diferentes texturas, escuchar música, tocar arena, barro… las propuestas son ilimitadas, pero siempre basadas en los sentidos y en lo inmediato.

Conforme los peques maduren podrán ir jugando a juegos simbólicos: cocinitas, casitas, con coches…

Especial importancia tiene en esta etapa el desarrollo motriz: correr, saltar, trepar, pegar patadas a una pelota… es mucho más necesario para ellos que sentarse alrededor de un tablero. En el caso improbable de que se pudiesen sentar alrededor de un tablero.

Juegos para peques de 2 a 6-8 años.

A partir de los 2 años y medio ya se puede empezar con el juego reglado. Pero hay que ir con ojo, ya que les puede costar bastante asumir que han perdido, ellos solos, mientras otro ha ganado. Es el sistema límbico el que rige su cerebro por lo que son, básicamente, bombas emocionales sin capacidad racional de controlar sus emociones. Tienen que aprender a perder y para ello es mejor digerirlo en grupo. Ubiergo recomendó encarecidamente jugar a juegos colaborativos, donde si se pierde, se pierde en grupo, y si se gana, también. Y así dar ejemplo nosotros de cómo se pierde y se gana. Por su parte, en su charla, Guzman apuntó que hasta los cuatro o cinco años es difícil que sepan aceptar las derrotas (y las victorias). La competitividad es buena si la sabes gestionar. Si no, puede generar culpa, frustración o la idea perniciosa de que sólo merece la pena ganar.

Las reglas deben de ser las menos posibles y muy obvias. Los peques tienen una rigidez mental bastante acusada: no se pueden ir cambiando las reglas a mitad partida ni pueden aparecer excepciones.

Para estas edades la educadora nos recomendó juegos de la casa Habba, en especial El Frutalito.

Juegos para más mayores: La función ejecutiva.

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Conforme nuestros peques van desarrollando su corteza cerebral, dejan de ser bombas emocionales para transformarse en seres más racionales. En esta etapa (y el resto de nuestra vida) podemos trabajar las Funciones Ejecutivas. Las funciones ejecutivas vendrían a ser algo así como el director de orquesta del cerebro. Se localizan en el área prefrontal y son tres:

La fluencia – es nuestra capacidad para el pensamiento divergente. Juegos que potencian este área pueden ser el Dixit, Sí señor oscuro o los dados de Story Cubs.

La planificación – es nuestra capacidad para prever eventos futuros y actuar en consecuencia ahora, en el presente. Juegos que potencian este área pueden ser Cocoa, Carcassone o Boletes.

La Inhibición – Esta función es la que más tardíamente se desarrolla. Es la capacidad de reprimir nuestros impulsos y actuar o no según nuestra voluntad racional, no nuestro instinto primario. Juegos que potencian este área son el Jungle Speed, el Halli galli, el Diávolo o el Fantasma Blitz (que ha sido empleado con éxito en terapias para niños con TDH).

Hay juegos que potencian varias áreas, como el Dobble (inhibicion y fluéncia) o El laberinto mágico, un juego redondo donde se consigue trabajar la lateralidad, la organización espacial y la planificación.

Por otro lado, hay juegos que asocian contenidos memorísticos a emociones. Un ejemplo de estos juegos, en los que se evalúan los conocimientos de los jugadores, son el Time Line, Time’s Up o Código Secreto.

Consideraciones finales

No, este post no está patrocinado por ninguna empresa comercial. De hecho, los juegos pertenecen a casas diferentes, pero todas comparten una calidad indiscutible en sus contenidos. Y viendo lo visto, quizás sea un buen momento para investigar un poco más sobre los juegos de mesa y el Aprendizaje Basado en Juegos (ABJ). De hecho la blogera Bebé a Mordor tiene bastantes artículos bajo la etiqueta #efectolúdico. Además de las conclusiones aportadas por el trabajo de Guzmán con sus proyectos Escuela y Ciudad de la asociación AFIM21 (vídeo aquí). Yo sólo lo dejo caer por si me lee algún profe…


(1) Lo mismo se aseguran Blakemore y Frith Cómo aprende el cerebro Ed. Planeta 2016 p65 y ss

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4 comentarios sobre “Mamá, profe, ¿no ves que es serio? ¡Estamos jugando!

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